lunes, 1 de agosto de 2011

Palabras de un maestro

"A fines del siglo XX ha sido posible, por primera vez, vislumbrar cómo puede ser un mundo en el que el pasado ha perdido su función, (…) en el que los viejos mapas que guiaban a los seres humanos, por el trayecto de la vida, ya no reproducen el paisaje en el que nos desplazamos y el océano por el que navegamos. Un mundo en el que no sabemos adónde nos dirigimos, sino tampoco adónde deberíamos ir (…) Sin embargo podemos dirigir la mirada atrás para    contemplar el camino que nos ha conducido hasta aquí"
Hobsbawm Eric, Historia del Siglo XX 1914-1991, Barcelona, Crítica, 1996

Historia y Memoria
El recuerdo del pasado se transforma en memoria colectiva una vez que ha sido seleccionado y reinterpretado según las interrogaciones éticas y políticas del presente.
LA experiencia vivida es una vivencia individual, frágil, volátil, efímera. Disparada desde la vivencia, la memoria es eminentemente subjetiva, queda anclada a los hechos a los que hemos asistido, de los que fuimos testigos o actores y a las impresiones que ellos han grabado en nosotros. La memoria es cualitativa, singular, poco cuidadosa de las explicaciones, de la contextualización; no tiene necesidad de pruebas para quien la transporta. La memoria es una construcción que  está siempre filtrada por los conocimientos posteriormente adquiridos, representa una visión del pasado siempre mediada por el presente.
Historia y memoria son dos esferas distintas que se entrecruzan, nacen de una misma preocupación y comparten el mismo objeto: la elaboración del pasado. LA historia es una puesta en relato, una escritura del pasado según las reglas y modalidades de un saber con pretensión de verdad Traverso, Enzo, Historia y memoria. Notas sobre un debate, en Marina Franco y Florencia Levín, (comps) Historia reciente. Perspectivas y desafíos para un campo en construcción, Bs As, Paidós, 2007

jueves, 23 de junio de 2011

La pasión por la Historia

Los que sienten pasión por la historia son personas especiales. Son de esos que no se rinden ante la primer evidencia, que buscan más allá, en lo lejano, en lo escondido. Curiosos insaciables, persiguen el por qué de las cosas.
La gente que estudia historia sabe que  no puede rehuir de la apasionante búsqueda del hombre a través del tiempo y asume un compromiso con el conocimiento. Pacientes, reflexivos, lectores incansables...
Las personas que enseñan historia saben que hay mucho por qué luchar y convierten el aula en una trinchera persuadidos de que es la educación la mejor  arma que tiene una sociedad para conocerse y mejorarse a si misma. Valientes, desprovistos de arsenal, presentan batalla.
Las personas  que comprenden la historia  no la confunden con el pasado: saben que bajan a ese oscuro escenario en busca de significados que alumbren la experiencia presente y sirvan para proyectarse al futuro con un andamiaje más sólido que aquellos que creen que su vida es “hoy” y que no tiene relación orgánica alguna con el tiempo que lo precede.
Las personas que escriben historia se transforman en recordadores más o menos profesionales que, a la luz de la experiencia histórica, se ocupan de llamar a la reflexión cuando la amnesia colectiva encamina nuevamente al error o al fracaso.
Los que hacen investigación histórica, también son seres especiales que  dominados por un instinto de origen incierto, se lanzan a ese territorio desconocido y desafiante a buscar al hombre escondido en el tiempo, que no es otra cosa que la búsqueda de uno mismo.
Saber al hombre ...Saberse uno mismo...Quizás sea una utopía a la que nunca se llega, pero es la que nos permite seguir caminando.